viernes, 11 de abril de 2008

Fichas

De repente, y sin siquiera percatarme, mi vida empezó otra etapa. Lo sé. Y no una etapa sin él.

Simplemente es como si las cosas tomaran su verdadera dimensión, la real importancia.

Pero casi no me reconozco. ¿Quién era esa que anoche respondió al cuestionario entero de Ramiro?

Será que estuve tanto tiempo en la incertidumbre, que ahora quiero sólo certezas, desesperadamente.

Cuando lo vi a Rami al lado mío en la iglesia, durante el casamiento de mis primos, todo encajó en su lugar. Todo estaba siendo exactamente como tenía que ser.

sábado, 5 de abril de 2008

Cuánto dura el destiempo?

Testamento

Te construyo nuevo
y desmorono
uno a uno
los peldaños que te trepan
como ácida hiedra.

Con terquedad y vandalismo
agazapados
devoro
el último aliento
de otra despedida.

Sólo lamento no haber sido
manantial para tu cansada espalda
ni tu sol de la mañana,
ni mis ojos
el desahogo de tus ansias.
Ni el nido al final de una dura semana.
No haber llegado
a desenmarañar tu risa.
No haber encontrado
otro final para esta historia.
Pero la primavera me agarra por sorpresa
y me deshojo en adioses.

En mi mudo duelo
ya no es tu cuerpo
sino las flores de tu beso
lo que extraño.
Y tus manos trasnochadas
tramando
todo menos el encuentro.

martes, 11 de marzo de 2008

Otro espejo


Tengo unas ganas tremendas de verlo. Pero temo.

Ari piensa que eso de alejarse después de noches compartidas es su manera de poner (¿ponerse?, ¿ponernos?) un freno, porque si fueran todos los días iguales, esto sería un desastre.
De todas maneras, sea por amor o no, sigue siendo una posición extremadamente egoísta la de él. Y, en base a esa posición, yo no sé cuál adoptar.
Este vaivén de emociones que me provoca está pudiendo con mis nervios, con mi cabeza, me siento totalmente absorbida por todo esto. No sé si es lo más fuerte que me pasó en la vida, pero así lo siento. En realidad, lo siento como si fuera lo único que me pasó en la vida.
Estoy rara por no poder aportar nada a la relación. Quizás, simplemente, es la primera vez que las cosas no son a mi manera. Si lo pienso, yo sigo sin hacer prácticamente nada para provocar alguna reacción en él. ¿Pero, valdría la pena? ¿Qué ganaría? Que se asustara más, tal vez. Pero dudo que cambiara su posición con respecto a nosotros.
Y, la verdad es que ni siquiera sé qué es lo que quiero provocarle. Que las ganas de verme fueran irresistibles. Aunque yo no sé cuánto de ganas tiene por lo general, ni cuánto lucha contra eso.
El otro día tuve una conversación con mi mamá al respecto. Y otra vez, al poner todo sobre la mesa, surgió una posibilidad en la que no había pensado: jamás se me ocurre decir que él, en el mismo momento en el que yo lo pienso, le está diciendo a alguien que existe una mujer que lo puede, que cada vez que aparece, no puede evitar irse atrás de ella. ¿Por qué no?

viernes, 7 de marzo de 2008

NY


La tregua es tu cuerpo.
Y tu verdad
mi propia guerra.

sábado, 23 de febrero de 2008

Es así, como Coca-Cola

Hablando de su familia, se refirió a su mujer como su ex-mujer. Me pareció rarísimo. Nunca lo había escuchado referirse así a ella.


Me contó cómo educó a Sibila, y los ojos le brillaban como nunca.


Hablamos de mis planes de cambiar de vida e irme a vivir a Brasil. Él también tiene planeado hacer un cambio, lograr más tranquilidad, menos trabajo, más disfrute. Obviamente, no conmigo, ya que, poco rato después me dijo que él sabía que nuestra relación tenía que tener un fin en algún momento.


Dijo tantas cosas,... hasta dijo que el nuestro era un problema de destiempo. ¿Cuánto dura el destiempo?


Yo, siempre parada en ese lugar de desentendida, lo ofendí diciéndole que él era lo más lejano del hombre que elegiría para mi vida. “-¿Eso es bueno o malo?”. Quiso saber las razones, qué es lo que no quiero para mí. Que no vuelva a dormir a casa porque tiene que trabajar, por ejemplo. Si viviera conmigo, ¿sería diferente? Yo deseo –y pretendo que deseen- llegar a casa para estar con mi amor. Él dice que hizo todo lo posible por ser un marido así, pero que, en la situación que vive, no le sale. ¿Eh?


Si supiera que sueño con que sea él, todo así, como viene, el hombre de mi vida. Si supiera.


¿Qué pasaría si...? Tantas opciones se me ocurren, si él tan sólo se permitiera sentir. Se arma detrás de eso, y no me deja romperlo, nunca sé si porque no quiere, o porque quiere con desesperación. Estaría dispuesta a hacer el esfuerzo que fuera necesario para quebrar la coraza. ¿Qué lo habrá vuelto así?


A la noche siguiente, fui con Lola a cenar a Pazzo. Pensé que no iba a ir, pero cuando terminamos, estaba ahí paradito. Nos lo cruzamos de frente, nos saludamos, y nunca más lo vimos alrededor nuestro. Estuvo bailando en el fondo, con sus amiguitos, y, finalmente se fue, sin siquiera pararse a saludar. Cuando, al rato, nos fuimos nosotras, todavía estaba en la puerta, hablando con el Bebe y el Perro. Yo seguí de largo, pero Lola se quedó a saludar, así que tuve que retroceder, dije una de esas frases patéticas que se me escapan cuando me pongo nerviosa. Ni siquiera sé si vio que me iba sola.


Es como estar con Dr. Jeckyll y Mr. Hyde. Voy a tener que tomármelo así, para que sus torpezas se conviertan en un juego.


Igual, no voy a permitir que la estupidez del miércoles apague lo maravilloso del martes.


Con él es así: tómalo o déjalo. Y mientras elija tomarlo, tendré que acostumbrarme.

jueves, 31 de enero de 2008

A la plancha (o en el horno).


La pasión te permite actuar de manera efectiva sin necesidad de reflexionar.
S. M. L.

Lo cual, evidentemente, ¡no quiere decir nada!

Volvió del viaje el sábado siguiente.
De esto hacen ya tres semanas. Y nunca más supe de él.
Acaba de entrar Lola –estoy en El Bar-, y él del otro lado, atrás. Vino con su más sentadora sonrisita, como si nos hubiésemos visto ayer y fuéramos primos. “-Dentro de un rato me voy. Si vas para allá, te llevo.” ¿Hay otra intención escondida, o me parece? Lo odio tanto que lo amo.
El domingo pasado fue la fiesta de aniversario de Pazzo, y él ni apareció. Después de unos cuantos tequilas le terminé preguntando al Crudo por él. ¡Qué idiota! Como si por preguntar fuera a llegar.

Esto tiene que terminarse, y estaba decidido, hasta que recién traspasó la puerta. Lo divertido de esta situación era que no me creara sufrimiento. No puedo esperar más de lo que es. Y sin embargo...
¿Cómo frenar al amor? Y cuando dije te quiero siento haber abierto una compuerta que es demasiado tarde para cerrar. Me lo comería a besos. Y le pegaría hasta matarlo.
La última vez que estuvo en casa, para variar, se olvidó el reloj. Todas las noches lo agarro, pensando en dónde mirará pasar las horas. Lo toco y es como tenerlo más cerca. Lo acaricio. Lo pongo en la mesita de luz cuando me voy a dormir, es como si lo oliera ahí, en mi almohada, con sus ojos prometiendo todo eso que no logro definir.
Y ya no sé si sueño con algo juntos. O me cansé de planear lo que nunca va a ser. Porque eso lo tengo muy claro. Y me siento una loca, porque igual decido seguir adelante, aún sabiendo que el fin va a ocurrir en algún momento.
Se acercó a la mesa, se tomó un whisky, y nos fuimos. En el auto preguntó qué queríamos para tomar con la cena., o si ya lo íbamos a echar. Se nos coló olímpicamente en el programa. Optó, sin esperar respuesta, por champagne, paramos en un super, y seguimos camino.
Fue divertido: los tres comiendo en casa, como lo más normal del mundo, íntimos amigos, novios. Y lo disfruté tanto, tantísimo. Preparé una mesa linda, con velitas. Me agradeció por esto, que fuera así con él. Hicimos hamburguesas con papas fritas. Mimos de por medio, y el mágico encanto de compartir momentos rutinarios. Escuchamos música, conversamos, nos reímos, nos abrazamos.
Lola se fue a acostar, y nosotros llevamos el colchón a la cocina. Hicimos el amor a la luz de la luna, nos acariciamos y hablamos muchísimo hasta que se hizo de día. Le conté que, como siempre, apareció en el momento justo en el que yo había decidido que se terminara esta historia. El día clave era el siguiente, y lo iba a cumplir. Era un compromiso conmigo.
“-Esta relación tiene que terminarse antes de transformarse en odio”, dijo. Aclaró que no hablaba de que yo fuera a odiarlo, estaba pensando en él, y en que las cosas se le escaparan de las manos.
Para mí, tal como le comenté, todavía no llegamos a la etapa final. Nos debemos cosas, nos queda mucho por disfrutarnos.
Le preocupa que me preocupe por él. Y, sí, tal como pensé, se asustó con el te quiero de la otra vez. Como si por no decírselo evitara todo este amor que sabe bien que siento.
Fue difícil explicarle que es diferente preocuparme todos los días a una preocupación puntual por lo del viaje. (Que encima nunca sucedió. Supuestamente, yo lo distraje y le hice perder el avión.)
Le pregunté si le modificaría algo que yo lo dejara. “-Modificarme, no. Sí me importaría, porque sos mi sol. Pero pocas cosas me modifican ya.” Un duro. Siempre tan difícil de decodificar, su mensaje.
“-¿Sabés qué? Me encanta que me abraces mientras me hacés el amor.” Y a mí abrazarlo.
Me gusta su boca en mi boca, sus besos de miel y flores.
Finalmente, confesó lo feliz que estaba con esto que tenemos, y prometió regalarnos unos días afuera juntos.
Promesas. Eso es lo que lo hace vivir. Eso sí: no miente.
“Seamos felices mientras estamos acá”, reza una famosa artesanía mexicana.

domingo, 2 de diciembre de 2007

007


... y difícilmente un hombre de tierra entiende el corazón de la gente de mar. Aunque este hombre ame esas historias y esas canciones y vaya a las fiestas de Janaína, aun así no conoce todos los secretos del mar. Porque el mar es tan misterioso que ni los viejos marineros lo entienden.
J. A.

Otro encuentro. Y cada vez más amor. Y, tal como me temía, después de dejarle saber tan sólo la punta de este terrible sentimiento que tengo por él, todo parece haberse roto.

Fue un miércoles, cuando lo llamé porque salí tan enojada de lo del contador, después de cobrar mi último trabajo en cheques a fechas imposibles, y mucho menos de lo que pensaba.

Necesitaba una gratificación, y así se lo dije. Gratificarme es más que suficiente gratificación para él, según expresó. Por supuesto, estaba con problemas: alguien tenía que viajar hasta donde estaba el barco, para llevar un repuesto, y estaba intentando no ser él. Volvió a llamarme, y quedamos en encontrarnos en Pazzo.

Así fue. Estuvo mucho tiempo hablando con sus socios, mientras yo bailaba con Paco, y vino para ver si nos íbamos juntos. Resultó ser él el que tenía que viajar al día siguiente, y estaba muy enojado. Aun así, después de charlar un rato en el auto, bajó y vino a casa. Sexo y amor total por horas, como siempre.

Y yo todo el tiempo tratando de mostrarle cuánto me importaba. Diciéndole que lo amo, sin mover los labios, con su mejilla apoyada en la mía, acariciándolo con todo el amor que puede existir.

El viaje era algo arriesgado para la vida a la que estoy acostumbrada: tenía que traspasar tres fronteras con contrabando, hasta llegar al barco en helicóptero. Realmente, me quedé preocupada, así que prometió llamarme ni bien estuviera de vuelta. No me va bien el papel de amante de James Bond.

Cometí el error de mostrarme vulnerable: viéndolo vestirse en la penumbra, ceñudo, le dije que lo quería. Hizo de cuenta que no había entendido.

-No escuché bien lo que dijiste.

-Mejor-, contesté, y enterré la cabeza en la almohada.