lunes, 12 de mayo de 2008

¿No será mucho?


¿Qué fue eso? Ni siquiera me dio para terminar de contar un solo encuentro. Un capítulo que intenté escribir en mi vida, un delirio total, que creí posible como para olvidar toda la historia de cuerda floja con él. Y, no. Claro. No funcionó. Mala receta. ¿Pero no era que un clavo saca a otro clavo, o algo así?


Resultado: una noche cualquiera de una semana complicadita sonó el teléfono. Y se me estampó una sonrisa en el alma. Era él, anunciando que venía con champagne, para relajarnos y reírnos juntos, ya que su semana tampoco había sido de lo mejor.

En menos de diez minutos arreglé la casa, tendí la cama, me depilé, me bañé, me cambié, me maquillé y, hecha una diosa, bajé a abrir la puerta. Traía tres botellas en la mano, lo que significaban dos cosas: 1) que estaba con problemas graves, y 2) ¡¡¡que se avecinaba una noche maravillosa!!!

Me pidió darse una ducha, ya que venía de todo el día en la oficina. Salió perfumadito, impecable, con sus pantalones de vestir y su perfecta camisa (¿cómo hace este hombre para que su ropa ni siquiera se arrugue durante el largo día?), pero descalzo.

Y el pronóstico no se equivocó: estuvimos toda la noche despiertos, haciéndonos masajes con aceites y, por qué no, con algo de tanto champagne que había en la mesita de luz, acariciándonos los pies, hablando de amor y cine, mimándonos, mimándonos, mimándonos. Se fue a las siete de la mañana, sin haber pegado un ojo, a llevar a su hija al colegio. Yo me desmayé, totalmente complacida y empalagada por él.

Me pidió que fuera a ver Moulin Rouge, porque entonces iba a entender lo que nos pasaba. Dice que es la película más exquisita que vio, y que, encima, habla de nosotros. No quise saber con quién fue a verla.

Se pregunta por qué no encuentra nunca el momento de pasar más tiempo conmigo si lo hace tan feliz, si mi cuerpo es el único lugar donde se encuentra en paz (sic). Soy un tarado, repite. Yo no soy quién para desmentirlo.

domingo, 27 de abril de 2008

Embraceable you


Si sólo dejaras
volver a tu niño,
jugar y reírte,
lanzarte, acunarte.
Volver sobre tus pasos cansados
para ver tranquilo cómo nace el sol
cada mañana.
Flotar con un globo en cada mano,
dejarte llevar,
deslumbrarte,
soñar y llorar.

Si sólo dejaras
que te conmoviera
mi amor...

Si sólo dejaras
nadar a tu alma
todos los brindis
anidarían en nuestra cama.

viernes, 11 de abril de 2008

Fichas

De repente, y sin siquiera percatarme, mi vida empezó otra etapa. Lo sé. Y no una etapa sin él.

Simplemente es como si las cosas tomaran su verdadera dimensión, la real importancia.

Pero casi no me reconozco. ¿Quién era esa que anoche respondió al cuestionario entero de Ramiro?

Será que estuve tanto tiempo en la incertidumbre, que ahora quiero sólo certezas, desesperadamente.

Cuando lo vi a Rami al lado mío en la iglesia, durante el casamiento de mis primos, todo encajó en su lugar. Todo estaba siendo exactamente como tenía que ser.

sábado, 5 de abril de 2008

Cuánto dura el destiempo?

Testamento

Te construyo nuevo
y desmorono
uno a uno
los peldaños que te trepan
como ácida hiedra.

Con terquedad y vandalismo
agazapados
devoro
el último aliento
de otra despedida.

Sólo lamento no haber sido
manantial para tu cansada espalda
ni tu sol de la mañana,
ni mis ojos
el desahogo de tus ansias.
Ni el nido al final de una dura semana.
No haber llegado
a desenmarañar tu risa.
No haber encontrado
otro final para esta historia.
Pero la primavera me agarra por sorpresa
y me deshojo en adioses.

En mi mudo duelo
ya no es tu cuerpo
sino las flores de tu beso
lo que extraño.
Y tus manos trasnochadas
tramando
todo menos el encuentro.

martes, 11 de marzo de 2008

Otro espejo


Tengo unas ganas tremendas de verlo. Pero temo.

Ari piensa que eso de alejarse después de noches compartidas es su manera de poner (¿ponerse?, ¿ponernos?) un freno, porque si fueran todos los días iguales, esto sería un desastre.
De todas maneras, sea por amor o no, sigue siendo una posición extremadamente egoísta la de él. Y, en base a esa posición, yo no sé cuál adoptar.
Este vaivén de emociones que me provoca está pudiendo con mis nervios, con mi cabeza, me siento totalmente absorbida por todo esto. No sé si es lo más fuerte que me pasó en la vida, pero así lo siento. En realidad, lo siento como si fuera lo único que me pasó en la vida.
Estoy rara por no poder aportar nada a la relación. Quizás, simplemente, es la primera vez que las cosas no son a mi manera. Si lo pienso, yo sigo sin hacer prácticamente nada para provocar alguna reacción en él. ¿Pero, valdría la pena? ¿Qué ganaría? Que se asustara más, tal vez. Pero dudo que cambiara su posición con respecto a nosotros.
Y, la verdad es que ni siquiera sé qué es lo que quiero provocarle. Que las ganas de verme fueran irresistibles. Aunque yo no sé cuánto de ganas tiene por lo general, ni cuánto lucha contra eso.
El otro día tuve una conversación con mi mamá al respecto. Y otra vez, al poner todo sobre la mesa, surgió una posibilidad en la que no había pensado: jamás se me ocurre decir que él, en el mismo momento en el que yo lo pienso, le está diciendo a alguien que existe una mujer que lo puede, que cada vez que aparece, no puede evitar irse atrás de ella. ¿Por qué no?

viernes, 7 de marzo de 2008

NY


La tregua es tu cuerpo.
Y tu verdad
mi propia guerra.

sábado, 23 de febrero de 2008

Es así, como Coca-Cola

Hablando de su familia, se refirió a su mujer como su ex-mujer. Me pareció rarísimo. Nunca lo había escuchado referirse así a ella.


Me contó cómo educó a Sibila, y los ojos le brillaban como nunca.


Hablamos de mis planes de cambiar de vida e irme a vivir a Brasil. Él también tiene planeado hacer un cambio, lograr más tranquilidad, menos trabajo, más disfrute. Obviamente, no conmigo, ya que, poco rato después me dijo que él sabía que nuestra relación tenía que tener un fin en algún momento.


Dijo tantas cosas,... hasta dijo que el nuestro era un problema de destiempo. ¿Cuánto dura el destiempo?


Yo, siempre parada en ese lugar de desentendida, lo ofendí diciéndole que él era lo más lejano del hombre que elegiría para mi vida. “-¿Eso es bueno o malo?”. Quiso saber las razones, qué es lo que no quiero para mí. Que no vuelva a dormir a casa porque tiene que trabajar, por ejemplo. Si viviera conmigo, ¿sería diferente? Yo deseo –y pretendo que deseen- llegar a casa para estar con mi amor. Él dice que hizo todo lo posible por ser un marido así, pero que, en la situación que vive, no le sale. ¿Eh?


Si supiera que sueño con que sea él, todo así, como viene, el hombre de mi vida. Si supiera.


¿Qué pasaría si...? Tantas opciones se me ocurren, si él tan sólo se permitiera sentir. Se arma detrás de eso, y no me deja romperlo, nunca sé si porque no quiere, o porque quiere con desesperación. Estaría dispuesta a hacer el esfuerzo que fuera necesario para quebrar la coraza. ¿Qué lo habrá vuelto así?


A la noche siguiente, fui con Lola a cenar a Pazzo. Pensé que no iba a ir, pero cuando terminamos, estaba ahí paradito. Nos lo cruzamos de frente, nos saludamos, y nunca más lo vimos alrededor nuestro. Estuvo bailando en el fondo, con sus amiguitos, y, finalmente se fue, sin siquiera pararse a saludar. Cuando, al rato, nos fuimos nosotras, todavía estaba en la puerta, hablando con el Bebe y el Perro. Yo seguí de largo, pero Lola se quedó a saludar, así que tuve que retroceder, dije una de esas frases patéticas que se me escapan cuando me pongo nerviosa. Ni siquiera sé si vio que me iba sola.


Es como estar con Dr. Jeckyll y Mr. Hyde. Voy a tener que tomármelo así, para que sus torpezas se conviertan en un juego.


Igual, no voy a permitir que la estupidez del miércoles apague lo maravilloso del martes.


Con él es así: tómalo o déjalo. Y mientras elija tomarlo, tendré que acostumbrarme.