El mar responde a las leyes de Iemanjá, únicamente. Y cuando así lo decide, devuelve sus tesoros a la playa.
Mi vida también.
Un martes cualquiera, cuatro y media de la tarde, yo muy de maternity, disfrutando de la quietud de mi casa, haciendo orden para dejar lugar a la ropita de Joaquín, cambiadores y esas cosas de bebés, suena el timbre.
Y, claro. Por lo absurdo no podría haber sido nadie más que él. Él, ocho meses después de nuestro último encuentro, paradito en la puerta de mi casa, con su traje Príncipe de Gales, perfumado y resplandeciente, como siempre.
Con el corazón en la garganta, las medias cayéndoseme, y mi enorme panza de más de cinco meses de embarazo, atiné a enjuagarme la cara para sacarme el gesto de entrecasa, y bajar a abrir, sin demasiado para decir y mucho para mostrar.
Y el tiempo se detuvo.
Yo no era esta futura mamá confundida. Era, otra vez y sin transición, la loca enamorada del mar, con las olas lamiéndome los pies. Sus ojos profundos, los de siempre, los míos, los que me recordaban cómo era nacer mil veces en un instante, por puro amor.
miércoles, 17 de diciembre de 2008
domingo, 30 de noviembre de 2008
Rewind
La idea de la familia perfecta desapareció de un soplido. Así. Sin más.
Ramiro, entre tironeos por el divorcio con su ex-mujer, decidió que no estaba listo para llevar adelante esta relación. Y hasta está dudando darle el apellido al bebé.
Lloré días enteros. Tantos meses de edificar, de aprender en un curso acelerado a ser la mujer perfecta, de decorar una casa que ya no será mía, de pensar a este chiquito defendiéndose en la vida. Solo, conmigo.
¿Qué pasó con las postales de los tres hermanitos? ¿Con la idea de ser felices, tanto como pudiéramos?
Alguna ventaja tengo que encontrar, así que elegí sin consultar el nombre de mi hijo: Joaquín. Lleve el apellido que lleve, va a tener un nombre lleno de fuerza. Es mi regalo para él. Que tantos me da. Que es mi risa y mi escondite perfecto. Que hace que todo, no importa qué se venga, valga la pena. Que baila en mi panza, como queriendo decirme que todo va a estar bien.
Y extrañamente tengo esa certeza: sé que de algún modo las cosas van a funcionar. Se trata de confiar. Simplemente.
Ramiro, entre tironeos por el divorcio con su ex-mujer, decidió que no estaba listo para llevar adelante esta relación. Y hasta está dudando darle el apellido al bebé.
Lloré días enteros. Tantos meses de edificar, de aprender en un curso acelerado a ser la mujer perfecta, de decorar una casa que ya no será mía, de pensar a este chiquito defendiéndose en la vida. Solo, conmigo.
¿Qué pasó con las postales de los tres hermanitos? ¿Con la idea de ser felices, tanto como pudiéramos?
Alguna ventaja tengo que encontrar, así que elegí sin consultar el nombre de mi hijo: Joaquín. Lleve el apellido que lleve, va a tener un nombre lleno de fuerza. Es mi regalo para él. Que tantos me da. Que es mi risa y mi escondite perfecto. Que hace que todo, no importa qué se venga, valga la pena. Que baila en mi panza, como queriendo decirme que todo va a estar bien.
Y extrañamente tengo esa certeza: sé que de algún modo las cosas van a funcionar. Se trata de confiar. Simplemente.
domingo, 9 de noviembre de 2008
Hoy, mañana, después...

Irónicamente, estos últimos días tengo que andar dando vueltas por El Bar, por trabajo, y varios otros asuntos.
Sigo sintiéndome como en casa.
Y no puedo evitar mirar por la ventana para ver si llega, aún sabiendo perfectamente que eso no va a suceder.
Es como una extraña manía, el anclaje de estas mesas, de esta esquina. Y mantengo fresca la ansiedad, aunque no quiera verlo.
El domingo Brasil ganó el mundial. Pazzo era una fiesta. Entre el mar de gente me pareció encontrarlo, pero no agucé la mirada. Prefiero guardarlo así, intacto, infinito en el recuerdo. Como un cuadro que no llevo a mi nueva casa, a mi nueva vida. A la vida.
miércoles, 5 de noviembre de 2008
Florece
La panza todavía no se nota, pero Bebé, de alguna mística manera, me cuenta que ahí está. Parece que reventaran burbujitas adentro mío, como si me anduviera un pececito y me dice que es feliz, que se siente amado.
Ramiro viaja muchísimo, por trabajo, así que, todavía, no concretamos lo de la mudanza. Pero cada día que pasa me gusta más la idea. Veo que es lo mejor para Bebé, que vamos a estar muy bien, que tener una familia es un sueño cumpliéndose.
Como aún está en trámite su divorcio –y parece que da para largo, porque su ex le pelea hasta los calzones- no va a comunicar la noticia a su familia. Lástima. Creo que se pondrían muy contentos, aunque todo fue taaaaaaaan rápido. Igualmente, vamos avanzando algunos pasos: almorzamos con sus hijitos (¡si supieran que van a tener un hermanito!) y, de a poco, intentamos unir todo este despelote.
Yo me siento fantástica, como si brillara, y en lugar de engordar, adelgazo. Y eso que estoy redulcera...
Conocí a quien va a ser mi obstetra, es una divina. Me acompaña, me deja tranquilísima y me hace reír. Una diosa. Y la clínica donde Bebé va a nacer me encanta: parece un hotel, de poquitas habitaciones, llenas de luz y de flores.
Trabajo todas las noches en el restaurant, hasta muy tarde, vuelvo a casa y converso con Bebé, le hago caricias a la panza, juego con él. Me siento plena. Y disfruto mucho todo lo que estoy viviendo.
Ramiro viaja muchísimo, por trabajo, así que, todavía, no concretamos lo de la mudanza. Pero cada día que pasa me gusta más la idea. Veo que es lo mejor para Bebé, que vamos a estar muy bien, que tener una familia es un sueño cumpliéndose.
Como aún está en trámite su divorcio –y parece que da para largo, porque su ex le pelea hasta los calzones- no va a comunicar la noticia a su familia. Lástima. Creo que se pondrían muy contentos, aunque todo fue taaaaaaaan rápido. Igualmente, vamos avanzando algunos pasos: almorzamos con sus hijitos (¡si supieran que van a tener un hermanito!) y, de a poco, intentamos unir todo este despelote.
Yo me siento fantástica, como si brillara, y en lugar de engordar, adelgazo. Y eso que estoy redulcera...
Conocí a quien va a ser mi obstetra, es una divina. Me acompaña, me deja tranquilísima y me hace reír. Una diosa. Y la clínica donde Bebé va a nacer me encanta: parece un hotel, de poquitas habitaciones, llenas de luz y de flores.
Trabajo todas las noches en el restaurant, hasta muy tarde, vuelvo a casa y converso con Bebé, le hago caricias a la panza, juego con él. Me siento plena. Y disfruto mucho todo lo que estoy viviendo.
sábado, 18 de octubre de 2008
lunes, 22 de septiembre de 2008
Positivo
Un hijo es una pregunta que le hacemos al destino.
J.M.P.
Mi maravilloso presentimiento se cumplió.
La visita a la casa de Ramiro fue mucho más que una cena compartida.
Aquí estoy yo, con casi treinta años, esperando un bebito. Y tengo ganas de bailar, pero también de correr hasta llegar lejos, bien lejos.
Rami lo tomó con una enorme sonrisa y emoción en los ojos. Que él sea el papá, haber hecho esto nosotros dos, juntos, me encanta. Es sólido, claro. Y hermoso.
Es una excelente confirmación de que, cuando las cosas cumplen su ciclo, hay simplemente que dejarlas ir. Porque lo mejor aún está por venir.
Es, también, la mejor respuesta que podía llegarme de qué hacer con mi futuro. Voy a estar ocupada siendo mamá. Y desde ahí todo va a ser para bien
La certeza de que es exactamente lo que tenía que ser nace, y me llena de cosquillas la panza.
Toman sentido la partida de Facundo y mi decisión de no seguirlo, la separación de él y la distancia que tácitamente elegimos, no haber encontrado trabajo en el exterior, y tantas otras cosas que, hasta este momento, tomaba como fracasos. Todo encuentra un camino hacia la razón, la verdadera razón: la vida. ¡Encontré una magnífica manera de estar más cerca de María Campana!
Todos a mi alrededor están contentísimos con la noticia. Hasta en mi recién estrenado trabajo me apoyan y contienen, me cuidan, me protegen.
Hay mucho por resolver, por supuesto. Pero no me da miedo: me siento con una lucidez y una claridad que nunca había tenido. Además, me siento fantásticamente, brillante, luminosa. Y feliz.
Me parece –estoy segura- que es un varón. Mi varón. ¡Un nenito! Para quien estar bien, entera, conciente, presente.
Ramiro propuso vivir juntos. ¿Será una inconciencia? ¿O simplemente la elección del Universo para que lleguemos a nuestro destino? Pero la actitud me pareció tiernísima. Y creo que estoy en condiciones de vivir algo así, ahora. Me siento comprometida a ser una familia a partir de ahora, y -¿quién lo hubiera dicho?- me fascina.
domingo, 31 de agosto de 2008

Se complica pasar a la siguiente etapa. Pero es así, como los pasos a seguir en una terapia.
No sé qué va a pasar más adelante, ni cuánto va a durar este impasse, ni si es definitivo, pero dudo ser yo la que lo decida (al menos, por ahora, no quiero decidirlo).
Ramiro -sí, el mismo que hace un tiempo había creído que era Mr. Right, pero después no lo pareció tanto-, se mudó a su departamento de soltero, y hacia allí fui, para estrenarlo como corresponde. Aunque no estábamos solos, estaba durmiendo su hijito mayor en la habitación de al lado. Pero estuvo más que bien: unos mimos, vinito, una película... Lindo. Un interesante paso intermedio. Nos queremos, nos conocemos, no hubo que dar demasiadas vueltas.
Quizás todo sea cuestión de tiempo. Quizás el tiempo sea eterno. ¿Quién puede asegurar nada?
No sé qué va a pasar más adelante, ni cuánto va a durar este impasse, ni si es definitivo, pero dudo ser yo la que lo decida (al menos, por ahora, no quiero decidirlo).
Ramiro -sí, el mismo que hace un tiempo había creído que era Mr. Right, pero después no lo pareció tanto-, se mudó a su departamento de soltero, y hacia allí fui, para estrenarlo como corresponde. Aunque no estábamos solos, estaba durmiendo su hijito mayor en la habitación de al lado. Pero estuvo más que bien: unos mimos, vinito, una película... Lindo. Un interesante paso intermedio. Nos queremos, nos conocemos, no hubo que dar demasiadas vueltas.
Quizás todo sea cuestión de tiempo. Quizás el tiempo sea eterno. ¿Quién puede asegurar nada?
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