jueves, 16 de abril de 2009

40 y tantas semanas


Era cierto eso de que el sexo hace llegar mejor al parto.
Exactamente una semana después de esa tarde en la que me pasó a buscar para tomar algo (claro que nunca fuimos al bar, sino que corrimos a casa a franelearnos un buen rato. ¡Qué suerte! ¡La última vez no había sido la despedida!), terminada la tarde de compras porque se acerca Navidad y yo temía estar internada en esa fecha, asomó Joaquín al mundo.
Se empezó a anunciar en el shopping, sólo me faltaba comprar el regalo de Lola, pero no llegué. Como en las películas, en un taxi que se pasaba los semáforos en rojo –supongo que en parte por mí, y en parte para que no pariera en su auto- y con mi mamá cargando mil bolsas y bolsitas repletas de moños, llegué a la clínica con 8 de dilatación, lista para internarme.
Llamé a Ramiro del celular, y no sé cómo, cruzó la ciudad en menos de veinte minutos. Me agarró la mano, y no me la soltó hasta que pudo agarrar a nuestro hijo.

jueves, 26 de marzo de 2009

Casi vedada


Estuvimos pegoteados hasta que cayó la tarde, sin salir de la cama más que para picotear algo y hacer pis (con semejante panza, voy al baño doscientas veces por hora, incluso con él en casa).

Yo aprovecho: la obstetra me dijo que el sexo hace ayuda a llegar mejor al parto, así que no sólo es divertido... es también terapéutico.

Fue todo tan mágico que sentí como si hubiera venido a despedirse (no, no para siempre, sino hasta después de la bendita cuarentena). Falta menos de un mes para el nacimiento de Joaqui, yo voy a mudarme a lo de mi mamá para estar acompañada y cuidada por cualquier cosa que pasara, y ya va a ser un poco más complicado vernos, por no mencionar que no me siento muy ágil últimamente (aunque haya desafiado las leyes de la gravedad durante este día de desenfreno).

No importa. Será hasta la próxima. No me asusta ya separarnos. Entendí, por fin, que el tiempo y la distancia dejan de ser importantes cuando existe un amor como éste. Sabrá esperar. Sabré esperar. Agradezco infinitamente que haya estado conmigo en esta etapa de mi vida, que haya sido el hombre que fue, protector, cálido, compañero, y que me haya hecho sentir tan maravillosamente suya, a pesar de la historia.

domingo, 15 de marzo de 2009

Reflejo

Vine tardísimo de trabajar, como a las 5 de la mañana.

A fin de mes cierra el restaurant, en el momento en que yo debería empezar mi licencia.

Igualmente, hace un tiempo que estoy atendiendo la caja, y hago relaciones públicas. ¡Es que con mi panzota gigantesca se me complicaba llevar la bandeja!

Apenas dos horas después de haber conciliado el sueño sonó el teléfono. Era él, desde abajo. Venía de Pazzo, y, al no encontrarme, me vino a buscar.

Estuvimos increíblemente juntos.

Creo que a Joaquín le gusta sentirme así de contenta, porque patea, como si saludara.

Y él me mima, me hace sentir tan... qué se yo tan qué. Mil cosas: sexy –en vez de una ballena a punto de parir-, deseada, amada, necesitada. Me cuida, me acaricia la panza, y dice cosas lindas, de esas que se les dicen a los bebés, muy bajito, como si le contara un cuento.

¡Le gusto! ¡Aun así!

martes, 3 de marzo de 2009

Me declaro culpable

Amo el sol que asoma por tu espalda
en las mañanas,
el tibio terciopelo que es tu cuerpo
amaneciendo al mediodía
y la savia de tu boca
recibiéndome,
anhelando
curiosa
todos los demás besos.
Amo tu sexo sin fin,
tu pelo relumbrando,
tus labios caprichosos y certeros
y tus manos, tus manos
marcando tu terreno,
adueñándose,
anudándose a mí
y a ésta, mi alma,
señalando el camino,
la hora exacta
de dormir, despertar,
sacudir violentamente las frutas de las ramas
para alcanzar las delicias
y volver a empezar.
Amo tu voz contra la almohada,
los gemidos roncos de pereza trasnochada,
tus tiempos, desenfrenos,
tus brazos arrullando
mis ya perdidos sueños.
Amo tus ojos cansados,
las ventanas entreabiertas
del misterio y la pasión,
de lo más cierto,
los reyes de mi reino,
los que saben dónde detenerse
sin dudarlo
para mostrar a todos
cómo sos de amado.
Amo tus piernas seguras,
tus pies de niño,
cada lunar que pasea
por tus dulcísimos hombros.
Amo tus palabras que siempre
son de miel y de concreto,
amo cómo me amás,
amo cuánto me amás
y tus olvidos,
tu sensual inocencia de diablillo,
de chiquito corriendo
sin destino.
Amo este regalo,
el privilegio de amarte,
lo que vos no me podés quitar.
Amo tus caricias
que son todo menos torpes,
tu piel que me investiga
y desata terremotos,
que me siembra, me florece,
tu piel y su perfume a mío,
a nuevo, a suave canto.

Y te amo tanto más
si dormís a mi costado...

viernes, 20 de febrero de 2009

True love


Lo que antes, según él mismo, tenía que tener un fin, parece que ahora debe ser eterno. No necesariamente sexual, pero sí durar para siempre.


Dice que no tendría sentido separarnos, porque nos queremos demasiado.


Si yo formara otra pareja y estuviera feliz, él va a estar ahí, entendiendo, y compartiéndolo conmigo. Nuestra relación pasaría a otro estado, pero seguiríamos juntos.


Toda una declaración.

jueves, 12 de febrero de 2009

Blanco


Tiene los ojos más oscuros
y la piel almibarada
por los soles que lo cubren
como si fuera un marino.
Y sin embargo
así
brilla,
como lino inmaculado
en mi luminosa mañana de desvelos.
Gato negro acurrucado
abrigando
mis más hondos sueños blancos.

martes, 20 de enero de 2009

Sillón de tres plazas

...Y el seguía sentadito en mi sofá, como lo más natural del mundo, acariciándome la panza, y diciéndome que estoy más hermosa que nunca.

A pesar de mis temores, no parece haberlo acobardado esta situación. (¿Algo lo logrará?) Pero a mí, sí, un poquito.

Por supuesto, todo fue muy polite, cero sexo –aunque todo en él sea sensualidad, y hasta nuestra manera de hablarnos y mirarnos esté cargada de algo que se siente que está por explotar-.

Pero, no sé... todo es tan raro.

Cuando se fue, nos besamos. Y, ¡ay, cómo lo extrañaba!

Me quedé sonriendo todo el resto del día, de la semana.

¿Qué es lo que hace que él vuelva y vuelva? ¿Y qué que yo jamás le cierre la puerta?

Quedamos volver a vernos, previo llamado, ya que yo ahora soy una mujer comprometida (¿?). Y, la verdad, lo llamaría ya mismo, aunque como una tonta, en el fondo espero que, cuando llegue Rami, todo vuelva a su cauce. Y esto haya sido sólo un jueguito inocente.

Es que no sé bien de qué otra manera podría manejarlo. Me hace sentir medio incómoda esto de seducir a alguien, en este estado. Hacer el amor con alguien que no sea el papá del bebé, quien, hasta ahora, compartió conmigo esta maravilla, y lo entiende, y es tan responsable como yo de todo esto. No sé... siento como si estuviera invadiendo el espacio de Joaquín con un extraño.

Aunque, al mismo tiempo, ¿dónde está escrito que, por estar embarazada, tengo que convertirme en la Virgen Mártir, y entregar mi amor, mi sexo y mi cuerpo a un hombre que, por lo visto, ya no está interesado en mí?
Realmente, me hizo sentir más que bien, y me alimentó el ego su visita -¡¡¡sobre todo porque no salió corriendo con mi aspecto!!!-.

Pero, de sólo pensarlo, me siento infiel. Y lo peor es que no sé por quién.