viernes, 29 de mayo de 2009

Fachita

Llegó justo a la hora
en que los ángeles duermen.
Nació acunado
por el más grande amor.

En sus ojos grises
nada la nostalgia,
buscan el tesoro
en infinita dimensión,
entre las fuertes pestañas
encuentran a los míos
y estallan de emoción.

La piel es tierno nácar
que acapara caricias.
Sus manitos dibujan
juguetes en el aire,
dirigen una orquesta
de ilusión y mieles.
Él baila entre mis brazos,
es feliz,
pide más.

Su boca demandante
huele a manzana roja,
devora la vida a borbotones,
me inventa esta vocación.

El pelo se roba, despacito,
el sol de las mañanas de verano
y refleja lo incondicional.

Es mi hijo.
Mi verdad y mi razón.

Su sonrisa asoma
Y todo lo paga.
Todo lo vale.

martes, 5 de mayo de 2009

A luz

El nacimiento fue el momento más feliz de mi vida -original, ¿no?-.

Rami, el compañero perfecto, hizo que, a pesar del dolor indescriptible (me sentía morir y revivir en cada contracción, hasta perder el conocimiento), de que el anestesista chocó en el camino y tuvieron que mandarme a otro (¡santo!) y de que el chico que estaba saliendo de adentro mío pesaba casi 4 kilos, todo pareciera fácil, tal como había sido planeado por quién sabe quién, ideal.

Y en el medio del dolor dijo que su apellido quedaba tan bien con el nombre que yo había elegido. Me recordó permanentemente cuánto nos queríamos y que él estaba ahí, para nosotros, con nosotros.

A las 11 y media de la noche, cuando, gracias a la anestesia todo era celestial, puso a nuestro hijito en mi pecho. Me miró por primera vez, y la vida tuvo sentido.

Nació sano, prolijo, soleado... y hambriento. Como yo me sentía fantástica me lo trajeron en seguida para que le diera de comer, con la boquita abierta como un pescadito, empezó a tomar teta... y nunca más paró.

Dormimos los tres hasta las 8 de la mañana. Juntos. Felices. Completos.

jueves, 16 de abril de 2009

40 y tantas semanas


Era cierto eso de que el sexo hace llegar mejor al parto.
Exactamente una semana después de esa tarde en la que me pasó a buscar para tomar algo (claro que nunca fuimos al bar, sino que corrimos a casa a franelearnos un buen rato. ¡Qué suerte! ¡La última vez no había sido la despedida!), terminada la tarde de compras porque se acerca Navidad y yo temía estar internada en esa fecha, asomó Joaquín al mundo.
Se empezó a anunciar en el shopping, sólo me faltaba comprar el regalo de Lola, pero no llegué. Como en las películas, en un taxi que se pasaba los semáforos en rojo –supongo que en parte por mí, y en parte para que no pariera en su auto- y con mi mamá cargando mil bolsas y bolsitas repletas de moños, llegué a la clínica con 8 de dilatación, lista para internarme.
Llamé a Ramiro del celular, y no sé cómo, cruzó la ciudad en menos de veinte minutos. Me agarró la mano, y no me la soltó hasta que pudo agarrar a nuestro hijo.

jueves, 26 de marzo de 2009

Casi vedada


Estuvimos pegoteados hasta que cayó la tarde, sin salir de la cama más que para picotear algo y hacer pis (con semejante panza, voy al baño doscientas veces por hora, incluso con él en casa).

Yo aprovecho: la obstetra me dijo que el sexo hace ayuda a llegar mejor al parto, así que no sólo es divertido... es también terapéutico.

Fue todo tan mágico que sentí como si hubiera venido a despedirse (no, no para siempre, sino hasta después de la bendita cuarentena). Falta menos de un mes para el nacimiento de Joaqui, yo voy a mudarme a lo de mi mamá para estar acompañada y cuidada por cualquier cosa que pasara, y ya va a ser un poco más complicado vernos, por no mencionar que no me siento muy ágil últimamente (aunque haya desafiado las leyes de la gravedad durante este día de desenfreno).

No importa. Será hasta la próxima. No me asusta ya separarnos. Entendí, por fin, que el tiempo y la distancia dejan de ser importantes cuando existe un amor como éste. Sabrá esperar. Sabré esperar. Agradezco infinitamente que haya estado conmigo en esta etapa de mi vida, que haya sido el hombre que fue, protector, cálido, compañero, y que me haya hecho sentir tan maravillosamente suya, a pesar de la historia.

domingo, 15 de marzo de 2009

Reflejo

Vine tardísimo de trabajar, como a las 5 de la mañana.

A fin de mes cierra el restaurant, en el momento en que yo debería empezar mi licencia.

Igualmente, hace un tiempo que estoy atendiendo la caja, y hago relaciones públicas. ¡Es que con mi panzota gigantesca se me complicaba llevar la bandeja!

Apenas dos horas después de haber conciliado el sueño sonó el teléfono. Era él, desde abajo. Venía de Pazzo, y, al no encontrarme, me vino a buscar.

Estuvimos increíblemente juntos.

Creo que a Joaquín le gusta sentirme así de contenta, porque patea, como si saludara.

Y él me mima, me hace sentir tan... qué se yo tan qué. Mil cosas: sexy –en vez de una ballena a punto de parir-, deseada, amada, necesitada. Me cuida, me acaricia la panza, y dice cosas lindas, de esas que se les dicen a los bebés, muy bajito, como si le contara un cuento.

¡Le gusto! ¡Aun así!

martes, 3 de marzo de 2009

Me declaro culpable

Amo el sol que asoma por tu espalda
en las mañanas,
el tibio terciopelo que es tu cuerpo
amaneciendo al mediodía
y la savia de tu boca
recibiéndome,
anhelando
curiosa
todos los demás besos.
Amo tu sexo sin fin,
tu pelo relumbrando,
tus labios caprichosos y certeros
y tus manos, tus manos
marcando tu terreno,
adueñándose,
anudándose a mí
y a ésta, mi alma,
señalando el camino,
la hora exacta
de dormir, despertar,
sacudir violentamente las frutas de las ramas
para alcanzar las delicias
y volver a empezar.
Amo tu voz contra la almohada,
los gemidos roncos de pereza trasnochada,
tus tiempos, desenfrenos,
tus brazos arrullando
mis ya perdidos sueños.
Amo tus ojos cansados,
las ventanas entreabiertas
del misterio y la pasión,
de lo más cierto,
los reyes de mi reino,
los que saben dónde detenerse
sin dudarlo
para mostrar a todos
cómo sos de amado.
Amo tus piernas seguras,
tus pies de niño,
cada lunar que pasea
por tus dulcísimos hombros.
Amo tus palabras que siempre
son de miel y de concreto,
amo cómo me amás,
amo cuánto me amás
y tus olvidos,
tu sensual inocencia de diablillo,
de chiquito corriendo
sin destino.
Amo este regalo,
el privilegio de amarte,
lo que vos no me podés quitar.
Amo tus caricias
que son todo menos torpes,
tu piel que me investiga
y desata terremotos,
que me siembra, me florece,
tu piel y su perfume a mío,
a nuevo, a suave canto.

Y te amo tanto más
si dormís a mi costado...

viernes, 20 de febrero de 2009

True love


Lo que antes, según él mismo, tenía que tener un fin, parece que ahora debe ser eterno. No necesariamente sexual, pero sí durar para siempre.


Dice que no tendría sentido separarnos, porque nos queremos demasiado.


Si yo formara otra pareja y estuviera feliz, él va a estar ahí, entendiendo, y compartiéndolo conmigo. Nuestra relación pasaría a otro estado, pero seguiríamos juntos.


Toda una declaración.